A pocos minutos de Loja, una finca ecológica convirtió las terapias con peces y las lagunas naturales en una experiencia turística distinta y de bajo costo.
Con una entrada de un dólar y un modelo basado en el cuidado ambiental, Finca 11 Lagunas se ha convertido en uno de los espacios turísticos más particulares de Loja. El proyecto, liderado por Isidro Hurtado, combina piscinas ecológicas, senderos naturales y terapias con peces en un entorno donde el agua emerge directamente de la tierra, sin estructuras de cemento que alteren el ecosistema.
La propuesta se distancia de los complejos recreativos tradicionales. En lugar de priorizar grandes construcciones, el lugar apuesta por una experiencia vinculada al contacto con la naturaleza y al bienestar físico y emocional. Las 11 lagunas naturales son el principal atractivo del predio y albergan distintas especies acuáticas seleccionadas con fines terapéuticos.
Entre ellas sobresale el ajolote mexicano, acompañado de peces de gran tamaño que pueden alcanzar hasta un metro de longitud. Los visitantes participan en sesiones de ictioterapia, una práctica en la que los peces realizan una ligera succión sobre manos y pies. Según el propietario, esta actividad ayuda a liberar tensión y estrés, además de ofrecer una sensación de relajación asociada al contacto directo con el agua y el entorno natural.
El manejo ambiental es uno de los aspectos centrales del proyecto. Antes de ingresar a las lagunas, los turistas deben lavarse las manos y evitar el uso de bloqueadores solares u otros productos que puedan alterar la calidad del agua. La intención es preservar un ecosistema que funciona de manera natural y que depende de la pureza de las vertientes subterráneas.
Un destino que mezcla terapias naturales, aventura y contacto directo con el entorno
Más allá de las terapias acuáticas, la finca incorpora elementos geológicos y recreativos que amplían la experiencia turística. En la zona de la cascada se encuentra un tronco petrificado y varias formaciones rocosas que llaman la atención de los visitantes, entre ellas una piedra cuya silueta recuerda la figura de un “marciano incrustado”.
El recorrido también incluye senderos que conectan la cascada con un mirador ubicado en la parte alta del terreno. Allí existen toboganes naturales donde adultos y niños pueden deslizarse utilizando galones, una actividad que se ha convertido en uno de los puntos más concurridos del lugar.
La infraestructura mantiene un enfoque sencillo y familiar. El espacio cuenta con zonas de camping, hamacas y cabañas abiertas para parrilladas que pueden utilizarse sin costos adicionales. A esto se suma la presencia de plantas japonesas destinadas a purificar el aire y generar una sensación de frescura dentro del predio.
El caso de Finca 11 Lagunas refleja además una tendencia cada vez más visible en el turismo regional: la búsqueda de destinos cercanos, económicos y vinculados al bienestar. En medio del crecimiento del turismo de naturaleza y de las experiencias relacionadas con la desconexión digital y el descanso mental, proyectos de pequeña escala como este empiezan a captar la atención de viajeros que priorizan espacios tranquilos antes que grandes infraestructuras turísticas.
La cercanía con Loja también juega a favor del proyecto. Mientras muchos destinos rurales dependen de largos desplazamientos, esta finca ofrece una alternativa rápida y accesible para quienes buscan salir de la rutina urbana sin invertir grandes sumas de dinero. Por ello, su propietario insiste en incentivar las visitas durante toda la semana y no únicamente los fines de semana, con la expectativa de dinamizar el flujo turístico local de manera más constante.



