Los virus contra el turismo

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La reciente declaración de emergencia internacional de la OMS por una cepa de Ébola sin vacuna y un inusual brote de hantavirus en un crucero austral encienden las alarmas del sector.

Ambos escenarios demuestran que, en el negocio de los viajes, la percepción de seguridad sanitaria es el activo más frágil y determinante para la economía local.

En América Latina, el mayor impacto reciente se dio a partir de la difusión de un brote de hantavirus a bordo de un crucero que zarpó desde Ushuaia. Aunque el hantavirus se consideraba un riesgo acotado a mochileros o campistas en zonas rurales del Cono Sur, debido al contacto con el ratón colilargo, el suceso demostró que los riesgos pueden saltar donde menos se los espera. 

El caso del hantavirus en el Hondius, con un saldo de varios pasajeros contagiados y muertes registradas en pleno viaje, el impacto tiene el potencial de afectar las próximas temporadas de cruceros en la Patagonia. Aunque no se ven cancelaciones inmediatas, el destino enfrenta un daño a nivel de reputación. 

El hecho de que la cepa Andes sea de las pocas que permite la transmisión de persona a persona —algo extremadamente inusual en otros tipos de hantavirus— obligó a las autoridades sanitarias a desplegar misiones de verificación en las rutas terrestres que hicieron los turistas antes de embarcar, poniendo bajo la lupa toda la cadena de servicios del sur argentino y chileno.  

Pero si algunos enfrentan la situación con desconfianza, otros viajeros lo toman como una oportunidad y están atentos a un eventual reacomodamiento de precios que les permitiría subirse al primer crucero posible apenas se retome la temporada.

Si el hantavirus sacude el extremo sur de América, el panorama en África es significativamente más complejo a nivel global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró formalmente una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional debido a un brote de Ébola en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo, que ya registró casos importados en Kampala, la capital de Uganda.  

Para la industria de los viajes, este brote representa un desafío crítico por una variable técnica alarmante: se trata de la cepa Bundibugyo. A diferencia de la cepa Zaire —que golpeó en epidemias anteriores y para la cual ya existen vacunas aprobadas—, para la variante Bundibugyo no hay vacunas ni tratamientos específicos disponibles en el mercado.  

Con cientos de casos sospechosos en pocos días y una alta tasa de letalidad, el flujo de viajeros de negocios y turismo de safaris monitorea la situación con atención, limitando el impacto con cancelaciones preventivas y la estricta vigilancia de visados comerciales.

Sobre ambos casos, aunque reducidos a escala global, pesa la memoria reciente del coronarivus, que desató una pandemia en 2020 con un impacto duradero hasta la actualidad. La industria turística demuestra su resiliencia una y otra vez: frente a conflictos armados, epidemias y problemas inflacionarios o energéticos, lo que prima siempre es la voluntad del pasajero por viajar.

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