IATA considera que el Aeropuerto José Joaquín de Olmedo aún tiene margen para crecer: la terminal opera con una capacidad de 7,5 millones de pasajeros anuales y una demanda actual de 4,4 millones, por lo que no ve urgente un traslado.
La discusión sobre el futuro aeroportuario de Guayaquil continúa abierta. Mientras persiste el debate entre el Gobierno de Ecuador y el Municipio sobre la conveniencia y ubicación de una nueva terminal aérea, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) sostiene que el Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo todavía cuenta con capacidad suficiente para atender la demanda. En ese contexto, el organismo considera que cualquier decisión sobre una nueva infraestructura debe sustentarse en criterios técnicos y de mercado, más que en factores políticos.
La posición fue expuesta por Peter Cerdá, vicepresidente regional de IATA para las Américas, durante una entrevista concedida en el marco de la Asamblea General Anual (AGM) 2026 del organismo, realizada en Río de Janeiro.
El aeropuerto de Guayaquil aún tiene capacidad para crecer
Para IATA, el aeropuerto de Guayaquil mantiene un funcionamiento eficiente y continúa ofreciendo ventajas tanto para los pasajeros como para las aerolíneas gracias a su ubicación dentro de la ciudad.
“Estamos creciendo como industria, pero no hemos llegado a un punto de saturación o promedio de capacidad en el Aeropuerto de Guayaquil. El aeropuerto que está dentro de la ciudad, para el pasajero, es un beneficio para el sector. El que tenemos hoy en día cumple con las necesidades que tenemos”, explicó Cerdá.
El Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo tiene una capacidad de diseño de 7,5 millones de pasajeros al año y actualmente moviliza alrededor de 4,4 millones de viajeros. Para IATA, esta diferencia muestra que la terminal todavía dispone de margen operativo para absorber el crecimiento del tráfico aéreo sin requerir un reemplazo inmediato.
La planificación y la conectividad deben definir el nuevo aeropuerto
Aunque IATA reconoce que los gobiernos deben proyectar la infraestructura aeroportuaria con una visión de largo plazo, señala que la decisión de construir una nueva terminal debe responder a estudios de demanda, proyecciones de crecimiento y necesidades operacionales.
El organismo indica que el mercado ecuatoriano mantiene una tendencia positiva, pero todavía no presenta los niveles de congestión registrados en otros países de la región que han tenido que ampliar o trasladar sus principales aeropuertos.
Sobre una eventual ubicación —entre las alternativas mencionadas en el debate público figuran sectores como Taura y Daular—, Cerdá explicó que el factor determinante será la conectividad con la ciudad. Según el representante de IATA, una nueva infraestructura debe garantizar accesos rápidos, eficientes y seguros para los viajeros.
“Lo importante es tener un acceso hacia la ciudad que nos permita que el pasajero pueda llegar de una manera rápida, eficiente y segura. Obviamente que haya opciones no solo de automóvil, sino también de tren, si es posible, y que la distancia no sea muy extensa”.
Por esta razón, IATA plantea que la ubicación de una futura terminal debe analizarse considerando el impacto para pasajeros, aerolíneas, operadores aeroportuarios y demás actores vinculados a la actividad aérea, con especial atención en la accesibilidad y la eficiencia logística.
La seguridad operacional no obliga a trasladar la terminal
Frente a las inquietudes sobre la ubicación urbana del Aeropuerto José Joaquín de Olmedo y las limitaciones de espacio en las zonas de seguridad de las cabeceras de pista, Cerdá indicó que la operación actual cumple con los estándares internacionales de seguridad operacional.
Según IATA, esta condición no representa una razón técnica para acelerar el traslado de la terminal, debido a que la seguridad aérea continúa siendo un elemento prioritario para la industria.
La postura del organismo plantea que una eventual transición hacia un nuevo aeropuerto debe ejecutarse cuando el crecimiento de la demanda lo justifique. Hasta entonces, la prioridad será mantener la eficiencia del aeropuerto actual y avanzar en una planificación técnica que permita definir una infraestructura adecuada para las necesidades futuras de pasajeros, aerolíneas y del desarrollo de la aviación ecuatoriana.



